Princesas, príncipes, palacios, amores, susurros.
Son sueños pero Julieta siempre sintió verdad.
Volver a verse, amarse a la muerte, querer de verdad.
Cuando infante inculcaron en su casta bolsa de dulces la historia de amor. Príncipe y princesa, castillo, caballo, corona. Y es que los niños pequeños no entienden metáforas.
Y así los aprendimos, todos, todos.
Ellas, esperarían en la sima más alta del castillo a su príncipe en tinte azul, de caballo blanco y sonrisa de oro.
Ellos, buscarían y sin traba encontrarían al amor de sus vidas en una muchacha a su imagen.
Ambos, serían felices, vivirían siglos, tendrían hijos, fortuna, amor eterno, amor.
Son sueños pero Julieta siempre sintió verdad.
Volver a verse, amarse a la muerte, querer de verdad.
Cuando infante inculcaron en su casta bolsa de dulces la historia de amor. Príncipe y princesa, castillo, caballo, corona. Y es que los niños pequeños no entienden metáforas.
Y así los aprendimos, todos, todos.
Ellas, esperarían en la sima más alta del castillo a su príncipe en tinte azul, de caballo blanco y sonrisa de oro.
Ellos, buscarían y sin traba encontrarían al amor de sus vidas en una muchacha a su imagen.
Ambos, serían felices, vivirían siglos, tendrían hijos, fortuna, amor eterno, amor.
Tiempo perdido si al fin y al cabo la princesa fue bruja, el príncipe vampiro, la carroza invisible, la fortuna estéril, los siglos negros, y la historia, la historia nunca existió.



