domingo, 8 de agosto de 2010

Un paso al mismo tiempo

Primero, un filósofo con alas camina creando mundos entre árboles sustantivos. Si su cuerpo lo acompañase dejaría de ser. Si dejase de ser vendrían los sueños. Y si en esas vueltas viniesen los sueños quizás sería feliz. Solo un paso más.

El siguiente, tosco, inculto. Mareado al otro lado del mundo intenta mantener el equilibrio entre lo que es y lo que desea ser. Insulta a la vez su pasado y maldice a quien ose cruzarse en ese, su camino sin rumbo. Su paso, sin duda alguna, es el que menos territorio batió.

En una noche sin luna, el tercero, un chino maldecido por sus antepasados que busca interesar a la que sueña hace meses como esposa. Este paso es el más cercano que ha dado ante ella, el que será alcanzado pronto por una malograda reverencia. Un paso nervioso que engendrará en la fémina un halo tierno y erótico que la llevará a perderse horas más tarde.

El cuarto hombre, empresario, millonario, infeliz. Este paso es el resultado de ocho horas de ilusión bañada en alcohol en que comprendió finalmente que el dinero no era más que un pretexto y que nadie lo querría de real manera. Este paso y saltó.

Y el quinto, un pequeño hombre con todo por delante. Una criatura que en este paso no decide más que su motricidad instantánea. Un hombre que nada sabe de sueños, ni de infamia, ni pasión, ni de insatisfacción. Uno de tantos hombres que pisan al mismo tiempo en este mundo en que solo valen los pasos cuando son muchos, magnos e imponentes.