martes, 20 de octubre de 2009

El ayer de él.




Escuchaba canciones en francés mientras puteaba al destino.
Imaginaba a la vez montañas insuperables y abuelos condenados.
Pensaba los lunes que el suelo no olía parecido los sábados.
Tenía paciencia con los semáforos y solía vestir de gris.
Adoraba el pensar, el amor y la audacia por sobre todas las cosas.
Soñaba consciente y pretendía no ser del montón.
A veces hablaba a su mascota, a veces a sus vecinos.
Sus días terminaban a las 2:00.
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Besaba como nadie,
hablaba con caricias
y hasta ayer solía decir te quiero
en voz baja.



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sábado, 29 de agosto de 2009

Eso no más

El miércoles pasado hablé con una señora en la farmacia. Me preguntó qué era el IMC y mi cabezota dijo "ay, señooora!". Mi voz otra cosa. La señora entendió y me sonrió y fui un cuarto más feliz. Hasta que vino la fiebre y la lectura y el mareo. Mareo de mareo... no mareo de ese léxico que aprendimos un jueves en el departamento, jaja. No me gusta usar el término, es algo... no se, en palabras de mi prima sería "no me llena", jajaja. También me da risa eso.

El jueves la fiebre me hizo pensar. Obvio, en como diablos viajaría en bus en ese estado, si ni me podía la maleta. Y estaba sola, otra vez... jajaja. Agrego risas para que la última frase no parezca triste, no lo es. Y viajé, después de conocer al amor de mi vida.. por ese día jueves, obvio; todos los días, si salgo en Santiago, regreso hablando del amor de mi vida por ese día, que ha resultado variar entre cantantes de micro, vendedores de frutas, médicos y compradores compulsivos del Parque Arauco, entre otros. Y llegué al pueblucho.. que rima con cuartucho, jajaja... pongo risas falsas para recordar que mi prima reiría de eso, rima con lo que dice es nuestro pedazo de canción.

Bleh!


sábado, 6 de junio de 2009

Aviso público.

(Un café no me ayuda).

Busco a alguien que me diga que el mundo ha estado dando vueltas mientras suspiraba, que aunque falle no romperé el asfalto, que nada puede ser tan infernal y que está permitido olvidar. Necesito una figura que comprenda que era débil, que ya nada es como antes, que lo intento a diario y que hace tiempo no encuentro un punto fijo. ¿Será que las personas a las que extraño siguen ahí mismo? ¿O será que como yo, no tienen rumbo cierto?

(Quedan barras de chocolate).

El viejo me preguntó si pretendía regresar en el tiempo y le grité que no, que hasta el pasado me hacía llorar y golpear la ventana buscando un algo equis.

(Ni contestar el teléfono).

Y anoche vino el concierto de sacudidas, el abrazo materno y nuevamente el apetito de explotar. Solicito no un alguien que me hable, sino que exclusivamente esté, que me cubra, que me colme, que satisfaga la ambición que me nubla cada cuarenta y ocho horas. Sé que existe, mas ¿qué me queda? La expectación posiblemente, acaso la traición de la intuición, ¡quién sabe!

...

Salí y no seguí el camino de regreso. Hasta entonces el día no me había simpatizado para nada.

Un almuerzo obligado me hacía desaparecer, deseo de alimentar algo más que el estómago, tal vez.

Igual nadie me extrañaría... nadie.

Y como abstraída, comencé a recorrer entre cruces y nombres nada familiares, apellidos con personalidad y solitarias piletas.

Apurada, como si algo anduviese buscando, como si alguien me esperase...

No crucé con las flores que esperaba, pero sí con figuras amenazantes y árboles destruidos... ¿acaso eso era paz?

Y cuando envuelta en los incomprensibles (entonces) sonidos que escapaban de los oscuros audífonos que detesto encontré la inspiración, un hombre me sonríe mientras insólitamente refresca sus pies en ese lugar... No se por qué lancé un ¿qué? preocupado. Y a su negativa me apresuré con una sonrisa en falso, a dar media vuelta y a caminar como pensando en que algo bueno me había pasado... después de todo, lo único positivo había sido tropezar con la familiar figura de una mujer a la que más de algo le debía.

El viento, las hojas, una figura femenina con los ojos vendados, un deseo sofocante de llorar... y ni siquiera abrí el libro.

Era hora de regresar.